Gerardo Sánchez Revenga ha subrayado en la último edición del Foro de AESMIDE que aumentar el presupuesto es necesario pero no suficiente, y defiende la planificación, la cooperación y la capacidad como claves para fortalecer la industria de defensa española.
Ayer celebramos el Foro “Industria para la defensa: de la inversión a la capacidad real”, una jornada que reunió a representantes del Ministerio de Defensa, las Fuerzas Armadas, la Comisión Europea, empresas asociadas e instituciones. El presidente de la Asociación inauguró el encuentro con una intervención en la que situó el foro en un momento de profunda transformación del entorno estratégico europeo.
El Foro nace para que el diálogo entre la Administración y las empresas se traduzca en soluciones a los problemas de la industria: capacidades, contratación, financiación y necesidades de las Fuerzas Armadas. En su discurso, el presidente reconoció que el incremento de la inversión en defensa en los últimos años ha sido espectacular y que se prevé su continuidad. Advirtió, sin embargo, de que el verdadero reto es transformar esos recursos en capacidades operativas, sostenibles y tecnológicamente avanzadas, en los plazos que exige la seguridad.
Cinco ideas para el debate
1. De los programas a la planificación industrial. Los Programas Especiales de Modernización (PEM) no deben verse solo como adquisiciones de sistemas, sino como instrumentos para desarrollar tecnología, consolidar cadenas de suministro y fortalecer la base industrial. Para ello, las necesidades de las Fuerzas Armadas, las prioridades del Ministerio y las capacidades de las empresas deben estar alineadas desde el inicio, con visibilidad y previsibilidad que permitan a la industria anticiparse, invertir y contratar.
2. La innovación, al terreno operativo. La superioridad tecnológica depende cada vez más de la integración de sistemas, las comunicaciones, la inteligencia artificial, los sistemas no tripulados, la ciberseguridad y los sensores. El desafío es conectar el conocimiento de empresas y centros tecnológicos con las necesidades reales de la defensa y acelerar el paso del laboratorio al usuario operativo, apoyándose en la cooperación público-privada, los consorcios y las alianzas tecnológicas.
3. La capacidad de absorción industrial como condición estratégica. No basta con disponer de presupuesto: hay que comprobar que existen instalaciones, personal cualificado, componentes, materias primas, financiación y proveedores capaces de sostener el esfuerzo. El presidente destacó el papel esencial de las pymes y las empresas especializadas, que aportan flexibilidad, conocimiento e innovación, y pidió fortalecer toda la cadena de suministro, no solo a los principales contratistas.
4. Un marco de contratación adaptado a la defensa. La planificación industrial requiere instrumentos que combinen el rigor en el uso de los recursos públicos con la agilidad que necesitan los programas, mejorando la ejecución presupuestaria y dando continuidad a las inversiones, siempre con garantías de transparencia, competencia y seguridad jurídica. La contratación, señaló, debe contribuir también a que una capacidad esté disponible, se mantenga y evolucione en el tiempo. Este eje se abordó en la entrevista con David Arias, socio de Garrigues.
5. Una industria europea conectada y colaborativa. La conferencia de Daniel Calleja, director de la Representación de la Comisión Europea en España, aportó la dimensión europea. La seguridad de Europa depende de su capacidad para desarrollar, producir, mantener y reponer los medios que necesita, por lo que es necesario reforzar la base tecnológica e industrial, aprovechar la cooperación europea y evitar dependencias excesivas en ámbitos críticos.
Planificación, cooperación y capacidad
El presidente resumió el propósito del Foro en tres palabras. «Planificación«, para saber qué necesitan las Fuerzas Armadas y la industria y con qué horizonte prepararse; «cooperación«, para conectar las necesidades del Ministerio y las Fuerzas Armadas con las capacidades de las empresas, de las grandes compañías a las pymes especializadas; y «capacidad«, para que recursos, tecnología y conocimiento se conviertan en resultados tangibles para la seguridad de España.
Concluyó que fortalecer la industria de defensa no es un fin en sí mismo, sino una vía para contribuir a la seguridad, la autonomía estratégica, la innovación y el desarrollo económico del país, y pidió que la jornada sirviera para identificar oportunidades concretas de colaboración y reforzar la confianza entre todos los actores del ecosistema.
