“Estos sectores están permitiendo retener talento industrial en España, especialmente en regiones donde antes la actividad era más limitada” Gerardo Sánchez Revenga

Durante décadas, la industria de defensa europea fue relegada a un segundo plano. Pero la invasión rusa de Ucrania en 2022 y la escalada de tensiones geopolíticas han empujado al continente a una reindustrialización acelerada para reforzar su capacidad defensiva. Europa vuelve a rearmarse y, con ello, sectores industriales que habían perdido peso recuperan protagonismo.

En este contexto, la UE ha ido poniendo en marcha en los últimos años nuevos instrumentos para reforzar su base industrial de defensa, como el programa ASAP (Act in Support of Ammunition Production), destinado a elevar la capacidad de producción de munición, el mecanismo EDIRPA (European Defence Industry Reinforcement through Common Procurement Act), orientado a facilitar compras conjuntas, y el recién aprobado EDIP (European Defence Industry Programme), que busca aportar estabilidad presupuestaria y permitir series de producción más largas.

Para las empresas, estos marcos significan mayor visibilidad, economías de escala y un horizonte de inversión más predecible. “El conflicto en Ucrania evidenció cuellos de botella en munición, cadenas de suministro y capacidad de serie”, explica Ángel Olivares, presidente de la Feria Internacional de Defensa y Seguridad de España (Feindef). La respuesta europea, añade, está impulsando la cooperación transfronteriza y un aumento de la I+D con un efecto arrastre sobre la economía.

En España, se espera que este proceso se convierta en un motor económico y de modernización industrial. “El ecosistema tradicional de defensa se está ampliando”, avanza Félix Arteaga, investigador de seguridad del Real Instituto Elcano. “Este año el sector pasará de 500 a 800 empresas”, detalla. Esas 300 nuevas compañías no formaban parte antes de la órbita de defensa porque el sector exigía una alta especialización y estaba limitado por importantes barreras burocráticas.

España ya está desempeñando un papel activo en el refuerzo de las capacidades industriales europeas: “Somos la cuarta potencia de Europa y la octava en capacidad exportadora, con una industria potente, estratégica e innovadora”, afirma César Ramos, director general de Tedae, patronal del sector. El objetivo es seguir sumando a las grandes tractoras históricas –Navantia, Indra o Airbus– una red cada vez más amplia de pymes, centros tecnológicos y universidades que se incorporan impulsadas por la creciente demanda de capacidades avanzadas.

Según el informe Impacto económico y social de la Industria de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio, elaborado por PwC para Tedae, la facturación conjunta de defensa, seguridad, aeronáutica y espacio en España alcanzó los 16.153 millones de euros en 2024, con un crecimiento del 16,2 % respecto a 2023. De estos, defensa y seguridad generaron 9.364 millones de euros, un 16,4 % más que en 2023.

El presidente de Feindef destaca el rol activo de España, reflejado en el alza del gasto en defensa y en su liderazgo en programas internacionales. Entre ellos menciona el futuro avión de combate europeo FCAS/NGWS; el Eurodrone, una aeronave no tripulada de vigilancia y reconocimiento; las fragatas F-110, buques de última generación para la Armada española; el submarino S-80, concebido para operaciones estratégicas y de disuasión, y el vehículo blindado 8×8 Dragón, diseñado para movilidad táctica y despliegue rápido de tropas.

“El impulso en defensa está revitalizando capacidades industriales que habían perdido músculo, como la metalurgia avanzada, el mecanizado de alta precisión, los componentes electrónicos y la propulsión, al tiempo que abre oportunidades en sectores de frontera como la ciberseguridad, la inteligencia artificial aplicada, la guerra electrónica, el espacio y las comunicaciones seguras”, apunta Olivares. Este renacimiento industrial, añade, fomenta el empleo cualificado, moderniza las plantas y acelera la transferencia tecnológica hacia aplicaciones civiles, reforzando la dualidad tecnológica.

“Estamos viendo cómo se nos están acercando muchas empresas interesadas en conocer esos proyectos y retos tecnológicos. Lo hacen con responsabilidad, viendo si pueden aportar al ecosistema”, señala Gerardo Sánchez Revenga, presidente de la Asociación de Empresas Contratistas con las Administraciones Públicas (Aesmide). A veces vienen de actividades tradicionales como la mecánica de precisión, que están recuperando protagonismo gracias a los programas de defensa, remarca. Pero también de otros más tecnológicos como la electrónica, la ingeniería o el software. “Estos sectores están permitiendo retener talento industrial en España, especialmente en regiones donde antes la actividad era más limitada”, prosigue.

Para Félix Arteaga, investigador del Real Instituto Elcano, las cadenas tradicionales de defensa –tierra, mar y aire– continuarán creciendo, pero al mismo tiempo irán ganando cada vez más importancia áreas estratégicas como la fotónica, los nuevos materiales y la fabricación aditiva. “España cuenta con centros tecnológicos en todas sus regiones que desarrollan aplicaciones e innovación. Todos ellos tienen ahora una oportunidad”, reconoce.

Retos. La guerra en Ucrania ha evidenciado la vulnerabilidad de Europa ante la dependencia externa, señalan los expertos consultados. Por ello, la UE busca ahora evitar errores del pasado: falta de munición, fragmentación de diseños y proveedores, cadenas de suministro lentas y carencia de stock. Los nuevos programas de rearmamento no solo buscan incrementar la inversión, sino garantizar que esos recursos se traduzcan en capacidad de producción real.

Arteaga destaca que el enfoque también es tecnológico. “La guerra moderna es automatizada y robotizada. Las empresas tradicionales no pueden adaptarse por sí solas; necesitan colaborar con pymes y centros tecnológicos, que son mucho más ágiles”. Esta colaboración no se limita a lo técnico: tiene un efecto económico al permitir escalabilidad, reducir costes unitarios y acelerar los ciclos de innovación.

“El problema tradicional era que había muy pocos fondos para desarrollo. Las empresas españolas tenían buenas ideas, mucha tecnología y algunos prototipos, pero no existía demanda suficiente en defensa para pasar de ahí. Esta es una oportunidad porque permite establecer sinergias y colaborar. Toda esa franja de tecnologías duales y el modelo de pequeñas y medianas empresas resulta mucho más accesible con estos fondos europeos de desarrollo”, comenta el experto. El reto, añade, tanto para el Ministerio de Defensa como para el de Industria y Turismo, consiste en superar el sistema tradicional y que estos recursos lleguen a los sectores que más los necesitan.

A diferencia de ocasiones anteriores, los expertos anticipan que esta ola de reindustrialización será estructural. Europa ha comprendido que la autonomía estratégica no depende solo de los presupuestos, sino de contar con una base industrial propia.

“No estamos ante un pico coyuntural, sino ante una transformación de largo recorrido. Europa se ha dotado de un marco industrial y de herramientas financieras para sostener el esfuerzo en el tiempo, con series estables, compras coordinadas y mayor interoperabilidad”, señala Olivares, de Feindef. La prioridad, remarca, es transformar el impulso actual en capacidad permanente. Esto pasa por “invertir en talento, I+D y planta productiva, y garantizar que las pymes se integren en las cadenas de valor europeas”, recomienda como conclusión.

Artículo de: Cinco Días



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