Las instituciones y la industria deben trabajar juntos en cómo se va a llevar a cabo el esfuerzo inversor en la base industrial y tecnológica de la defensa hacia la autonomía industrial europea
En Aesmide somos conscientes de la difícil situación internacional por la que atravesamos. Nos encontramos con un nuevo escenario mundial que afecta a la defensa, la seguridad, la soberanía y la economía de los Estados.
En este marco, tanto las instituciones como la industria tienen enormes retos que resolver y debemos trabajar juntos en cómo se va a llevar a cabo el esfuerzo inversor en la base industrial y tecnológica de la defensa, cuál va a ser el futuro de la política de apoyo de la UE a esa base industrial de la defensa, cuáles son los retos y perspectivas de la defensa de Europa y cómo han cambiado y qué se puede hacer desde la Administración y las empresas para adaptarse a los nuevos retos.
La base industrial y tecnológica de defensa (BITD) española es un elemento primordial en la obtención y mantenimiento de las capacidades militares que precisan las Fuerzas Armadas para poder cumplir las misiones encomendadas. Además, se constituye como un representante fundamental de la innovación tecnológica y generadora de empleo cualificado en el ámbito nacional. Por ello, la política industrial del Ministerio de Defensa tiene como objetivo potenciar el desarrollo industrial y tecnológico vinculado a la defensa, en especial de aquellas capacidades industriales y áreas de conocimiento que afectan a los intereses esenciales de la defensa y la seguridad.
La industria nacional en España, igual que en otros países, se encuentra liderada por grandes empresas que denominamos tractoras con capacidades de diseño, desarrollo y producción de sistemas completos. Estas empresas aportan, entre otras cosas, su capacidad para abordar grandes programas de forma sostenida, cubriendo múltiples ámbitos tecnológicos simultáneamente, lo que les confiere un interés especial al abordar desarrollos tecnológicos de mayor madurez. Pero no hay que olvidar que coexisten con ellas, y necesitan, una red empresarial de pymes más flexibles y dinámicas que están especializadas en el diseño, desarrollo y producción de distintos subsistemas e ingenierías que se incorporan a la cadena de suministros, bien por su especialidad o bien por motivos de racionalización económica para las grandes empresas.
Estas pymes son altamente competitivas y cuentan con un alto contenido tecnológico en sus productos, en todos aquellos que constituyen el equipamiento del soldado, ya sea vestuario, protección a la fuerza, infraestructuras inteligentes, bases de vida, etc., así como las tecnologías y sistemas (IA, sistemas autónomos, transformación digital, realidad aumentada y virtual, trazabilidad, ‘big data’, tecnologías espaciales); comunicaciones (hiperconectividad, datos en tiempo real); ciberseguridad e ingenierías para la defensa (mecanizados, equipos optrónicos, detección por infrarrojos, mantenimiento vehículos, blindajes, maquinaria…), que aportan a la base tecnológica su capacidad de especialización y adaptación al cambio y de innovación que exige el entorno dinámico actual.
No olvidemos que las pymes con menos de 250 empleados catalogadas en el Ministerio de Defensa son el 83% del total de empresas de la industria de la defensa en España.
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